Casa Malca, un hotel de lujo en la residencia de verano de Pablo Escobar

En el Caribe mexicano se encuentra una de las casas del famoso narcotraficante colombiano. Un paraíso a pie de playa

31/07/2017 04:07

Península del Yucatán, México. En una propiedad a escasos 10 kilómetros de las ruinas mayas de Tulum, y a menos de 200 metros de la playa, el Patrón observa el atardecer sobre las cristalinas aguas del mar Caribe desde su mansión, conocida como “Casa Magna” por los lugareños. Pero ahora ya no se llama “Casa Magna”, sino “Casa Malca”. Y no la habitan narcotraficantes, sino que se ha reconvertido en un lujoso hotel de cinco estrellas con una decoración de lo más ecléctica.

 

 

Se dice que era una de las residencias de verano de Pablo Escobar, uno de los delincuentes más legendarios del mundo. Pero desde su muerte, en 1993, estuvo abandonada y escondida hasta 2003, cuando los locales de la zona descubrieron el amplio complejo escondido bajo la frondosa vegetación. En 2012, fue adquirida por el mecenas neoyorquino Lio Malca, quien la bautizó a su nombre y abrió un resort de lujo.  

 

 

Aunque restaurada, la mansión mantiene aún los tejados originales, que facilitan la vigilancia, así como un túnel que recorre el perímetro. Según el medio online mexicano Proceso, en 1993, cuando abatieron a tiros al jefe del Cártel de Medellín, la propiedad fue abandonada. El conjunto se compone de dos casas, ambas de arquitectura maya. La casa grande, de dos plantas, está enmarcada por palapas y terrazas, y la otra, de menores dimensiones, es aún más excéntrica que la anterior. Un complejo con todo tipo de lujos: jacuzzis, bar, grandes habitaciones equipadas con baño y hasta cristales antibala en las ventanas. Un paraíso para uno de los narcos más peligrosos de la historia de Latinoamérica. De hecho, Netflix ha utilizado la vida del colombiano para la serie Narcos, que aunque no recrea los escenarios de la "Casa Magna", tiene otros de igual belleza y singularidad.  

 

 

Casa Malca se vende como un espacio preservado en el tiempo, que ha captado la esencia y el encanto terrenal al actualizar las instalaciones manteniendo la construcción ecológica de la casa. Se trata de una espaciosa villa frente al mar que se alza por encima de la arena. Se pueden apreciar los toques modernos con toques rústicos, invitando a disfrutar de los sonidos y la brisa del mar, rodeado por la exuberante vegetación de la selva.

 

 

Hoy ambas residencias han sido reformadas por el galerista colombiano afincado en Nueva York, Lio Malca, que las ha convertido en un auténtico hotel de lujo. Este coleccionista de arte contemporáneo adquirió la propiedad en 2012 y la ha convertido en un hotel boutique con 35 habitaciones, 9 de ellas suites de lujo situadas en la casa grande. El resto de habitaciones están repartidas por la propiedad, ofreciendo una experiencia más íntima  El complejo está decorado con todo tipo de detalles, mezclando distintos estilos decorativos y con obras de arte de su colección privada.

 

 

El galerista mezcla el estilo clásico y rústico con las piezas de arte más modernas, creando un ambiente ecléctico y muy elegante. Alfombras persas, muebles muy excéntricos y pinturas y esculturas de algunos de los artistas contemporáneos más relevantes hacen del lugar un espacio absolutamente fascinante. Además, bien se ha encargado Malca de que, si se vuelve a visitar el complejo, la experiencia visual sea diferente, pues las piezas de arte van rotando por el hotel, de manera que los visitantes puedan disfrutar de todo el arte que lo decora.

 

 

Según dice la web del complejo “las espaciosas habitaciones de Casa Malca presentan una mezcla ecléctica de color y lujo, mientras que las ventanas del piso al techo se abren para dejar entrar una vista impresionante de la playa o de los jardines selváticos de la zona”. Hay suites con aires contemporáneos decorados con las obras más innovadoras; otras con acceso a playa privada con un estilo bohemio y chic; y, si buscas privacidad, la segunda planta es como una paraíso de lujo dentro de la selva mexicana. El hotel sólo tiene una norma: “Los visitantes deberán besar el mar por lo menos una vez al día”.   

 

 

En definitiva, un entorno que combina la curiosidad que genera el poder alojarse en un lugar que perteneció a Pablo Escobar con el deleite artístico de los cientos de obras que adornan los salones y cuartos. Todo ello mezclado con la tranquilidad que ofrece este paraíso caribeño. ¿Pasarías unas vacaciones en este complejo? ¿Cuál de las suites sería tu preferida?  

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