La primera vez que Escarlata O´Hara asomó a la gran pantalla, los espectadores se lanzaron a las tiendas a la busca de muebles y tejidos victorianos con los que emular en sus propias casas de estilo de la mítica Tara. Empezaba así una historia de amor entre muebles de cine y espectadores que perdura hasta nuestros días.

Un reportaje de Montse Camps. Fotografía: Agencia Album, X. Pladellorens y Archivo M. Camps

No más mujeres (E. Griffith, 1.935) se presenta con una estilización moderna de interiores tradicionales

Todo empezó en los albores del siglo XX. Sin apenas percibirlo, el cine pasó a formar parte de nuestro entorno. Muy pronto Hollywood empezó a fabricar un sueño, un sueño que hasta hoy se sigue vendiendo bien. Soportado por un sistema capitalista implacable, publicidad y mercado le pertenecen. No obstante, si bien el cine por naturaleza es arte, por necesidad es industria y como tal, exige una dimensión comercial.

Un marco bellísimo para la heroína de Encadenados (A. Hitchcock, 1.946)

Cuando se estrenó "Dark Victory" (1.939) los comercios tuvieron un alud de peticiones del mismo sofá, del escritorio o del tocador de Bette Davis

Nuestro relato comienza hacia 1.930. Frente a la dura crisis de Inglaterra y Estados Unidos, Hollywood afianzó su imperio. Sus avispados dirigentes intuyeron un formidable mercado en la reproducción y venta de todo lo relacionado con una película: había nacido el merchandising cinematográfico. Forma parte del conocido Star System, cuya publicidad incita al público a compartir el glamour de sus estrellas, quienes a su vez, se ven sometidas a férreos contratos. Su edad de oro, entre 1.930 y 1.940, constituye uno de los momentos excepcionales de la Historia del Arte. Veamos ahora un flash-back.

Para el éxito de sus producciones, Hollywood quiso contar con los mejores especialistas. Arquitectos y decoradores crearon mundos fantásticos. Muchas de cuyas aportaciones hoy conforman nuestro entorno. A ello contribuyó sin duda la gran fantasía de Cedric Gibbons. Creador de la famosa estatuilla de los Oscars, fue Art Director en la MGM, donde inventó escenarios clásicos de extrema sofisticación.

Desayuno con diamantes  (B. Edwards, 1.961)

La viuda alegre (Ernts Lubitsch, 1.934)

 

Ya en la década privilegiada, el eficaz merchandising que permitía al fan compartir los gustos de sus ídolos, corría a cargo de las revistas de última moda. En Femmes, Photoplay o Fashions las grandes estrellas recomendaban toda clase de productos "indispensables" que se comercializaban a su vez, en los grandes almacenes urbanos. Los escaparates y departamentos de Saks o Macy´s se convertían en espectaculares escenografías donde el cliente descubría, como en el cine, una atmósfera de puro lujo; y la quería comprar. Y así, la historia nos lo confirma, pues cuando se estrenó Amarga Victoria (1.939) los comercios tuvieron un alud de peticiones del mismo modelo de sofá, del escritorio o del tocador de Bette Davis. Y es que el público quería participar de su triste, pero elegantísimo drama.

Amarga victoria (E. Goulding, 1.939). La originalidad de este tocador provocó una increíble demanda del modelo.

Lo mismo sucedió a raíz del gran éxito de Lo que el viento se llevó: ricos muebles, espejos, tejidos victorianos, lámparas... contribuyeron a popularizar interiores, estilo y arquitectura americanos. Todas las mujeres querían ser como Escarlata O´Hara. Sobre el tema de la decoración, Lubitsch, director de varios films sobr París decía con mucho humor: "Existen muchos París; el París de Paramount, el de la Metro y el real. De todos ellos, el más auténtico es el de la Paramount".

Lo que el viento se llevó (Víctor Fleming, 1.939). 

La extraordinaria calidad de sus diseños suscitó 

una gran demanda de los modelos por parte del público.

La moda de armonizar espacios con tonos claros tiene su origen en los suntuosos filmes de los años 30: Cedric Gibbons fue el gran impulsor del decorado blanco y de los cuartos de baño lujosos.

   Pero el séptimo arte no sólo nos ha cautivado con determinados objetos sino que , aunque más difícil de percibir, ha incorporado a nuestra cotidianeidad ciertas tendencias. Por ejemplo, la moda de armonizar espacios con tonos claros tiene su origen en los suntuosos filmes de los años treinta y cuarenta: Cedric Gibbons fue el gran impulsor del decorado blanco. Y aunque parezca imposible, a él se le debe también la propagación de los cuartos de baño, eso sí, de gran lujo y presentados por famosas estrellas. Otra herencia curiosa: la Set Dresser Julia Heron solía amueblar sus decorados con parejas de cuadros y lámparas a media altura. Y finalmente, lo más abstracto de todo: el cine nos vendió lujo. Un lujo que, como hoy, puede estar tanto en la mesa como en el dormitorio. ¿Donde sino hallaríamos el origen de nuestros gustos?

 

El sereno equilibrio de este salón 

sirve de contrapunto al tormento 

amoroso que consume a la protagonista 

de "El puente de Waterloo" 

(Mervin Le Roy, 1.940)

 Merchandising cinematográfico de 

la prestigiosa revista 

"Fashions" en 1.934

 

Ciudadado Kane (O. Welles, 1.941). 

Esbozo del salón en el cual se quiere 

reflejar el gusto por el exceso de su dueño.

Reportaje publicado por la Revista Estilo Clásico. Nº 49