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Los viajes se han convertido en una de las formas de ocio más extendidas en nuestros días. Todo el mundo se reserva unos días en el trabajo para descubrir nuevos mundos, culturas y gentes que le hagan más rico a nivel personal y que le sirvan de desconexión de la rutina. Viajar se ha convertido también en una forma de ir de comprar, de hacerse con lo más característico de cada país y adaptarlo a tu persona. En la decoración pasa lo mismo, nos gusta que nuestra casa tenga parte de nuestros viajes. Los objetos o muebles que se compran en los viajes dejan de tener el carácter de simple mobiliario para adquirir una historia propia. Cuando alguien te pregunta sobre la maravillosa alfombra que cubre el suelo de tu salón y tú le comentas que la adquiriste en Estambul, en un zoco repleto de olores, que regateaste hasta la saciedad y que en el avión tuviste que embarcarla por separado, el objeto adquiere alma, tiene importancia, es una aventura. La visita realizada nos lleva a diferentes mundos y culturas. El salón está presidido por un espléndido sofá blanco que forma esquina y que aporta gran luminosidad a la casa. Este elemento, que podría catalogarse de minimalista, establece el blanco como hilo conductor y la luz como referencia. Así, las sillas de la gran mesa de comedor se tapizan en blanco y los muebles se sirven del color de la caoba para contrastar con esta claridad. La chimenea, también en blanco puro, se adorna con dos reproducciones de las famosas figuras de terracota de los guerreros del Xian y algunas estatuas de referencias indochinas. Al lado del sofá se puede observar una majestuosa cabeza de Buda en blanco que acaba de rematar el toque exótico de la habitación. Muebles de diseño moderno en blanco, con el caoba como contraste, con figuras de arte oriental. Un eclecticismo perfecto. En el tercer piso, al lado la escalera, se sitúa el escritorio. Realizado en caoba, nos recuerda a los grandes muebles británicos de la época colonial, desde donde se organizaban los grandes viajes de la metrópoli en buscas de las riquezas del Nuevo Mundo. Y las riquezas en decoración, en este rincón, las representan el majestuoso espejo que corona la escalera, con un marco labrado, y las referencias a África a través de una nueva máscara, un figura masai y el juego de lanzas que se observa en el hueco de la escalera con la pared. La luz, la vegetación y los colores ocres completan la elegante estampa. Iván
I. Lamarca |